Me decidí por fin.
Romper las cadenas que me ataron.
Estoy aquí parado frente al mar; mirando más allá del horizonte.
39 añadas y en el punto exacto; cual águila que deberá tomar la decisión final.
Morir o renovar para lograr mi libertad espiritual.
Apuntando contra el pecho esta mi alma, envejecida y pesada por la gruesa coraza.
Volar para enfrentar el mundo en este punto es imposible.
Debo emigrar hasta lo alto de la montaña y refugiarme en un nido de la fuerza y del valor,
donde no exista el miedo, ahí me sacudiré las frustraciones, arrancare la cobardía de mi vida,
me desprenderé de ataduras, costumbres y otras tradiciones del pasado.
Seré libre como ave.
Volaré por el Universo sin parar,
le sonreiré a la vida, a la lluvia, a los bosques, a la fauna, a la flora.
No volveré la vista atrás,
me dormiré entre las nubes, me bañaré entre las olas,
ya no comeré del fruto prohibido, me alimentaré de ti y de nadie más.
Vuelo de libertad.
Purificación bendita de mi esencia que me dará la paz para continuar,
saldré victorioso para el tan esperado vuelo de renovación y de revivir
y entonces disponer de muchos años más,
libre tan libre del peso del pasado y sin volver la vista atrás.
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