Ante aquella terrible noticia
fueron sus manos
las que secaron y enmudecieron mi llanto
dando paso a un agudo silencio
después un abrazo sincero.
Tras el calor de su cuerpo
sus palabras de aliento junto a una bella sonrisa
como imán un beso discreto, la mirada más tierna,
y retornó la esperanza a mi vida,
como acto final el adiós más incierto.
Con mi agradecimiento total para usted.
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